El Paseo de San Pedro en Llanes

Un mar de sensaciones

El Paseo de San Pedro en Llanes

El Paseo de San Pedro es uno de los puntos neurálgicos de la villa de Llanes. Al menos lo es para el visitante, sorprendido tras encontrar un mirador de esta índole a escaso metros del casco urbano.

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Mapa: cómo llegar a El Paseo de San Pedro en Llanes


Coordenadas
Latitud: 43.4238701
Longitud: -4.7540331

Nos ofrece una panorámica que en buena parte resume el paisaje más asturiano: el mar Cantábrico que se extiende por doquier, el litoral acantilado sobre el que caminamos y cuyos perfiles continúan en el horizonte (concretamente desde el castro de Póo hasta la punta de Suances si el día está despejado), la cordillera norteña tras nosotros y una villa marinera con playa incluida -una cala coqueta entre rocas- a nuestros pies. Un balcón inigualable que es a la vez un espacio antiestrés, con su manto de hierba asturiana bien cuidada sobre la que bien podríamos caminar descalzos a lo largo de su kilómetro de recorrido.

Cómo llegar al Paseo San Pedro

El acceso al paseo no presenta especiales dificultades y es fácil de localizar visualmente. A él se puede llegar bien rodeando el casco histórico por su izquierda o bordeando el pueblo por su puerto pesquero hasta llegar a la playa del Sablón. Desde allí, unas escaleras ascienden hasta el paseo en sí. Enseguida apreciamos su magia y recurrimos a la cámara o el móvil para inmortalizar el momento. Es este uno de los lugares más fotografiados de la comarca. También suscita el interés de las cámaras de cine, pues el propio Garci rodó aquí una escena de su película “Historia de un beso”.

Fue construido en el siglo XIX, más concretamente en el año 1847, con la idea de proporcionar un lugar de recreo al vecindario. La obra se último en buena parte con la llegada de capitales de emigrantes indianos. Está claro que la elección del lugar fue idónea, pues además de cumplir estrictamente con su papel de esparcimiento, es hoy en día uno de los mayores reclamos turísticos de la localidad. Otras de sus virtudes son servir de escenario al romanticismo, a la nostalgia, a la contemplación ensimismada y a la calma. Lejos queda su ruda misión como atalaya defensiva contra el enemigo o como lugar estratégico para el avistamiento de ballenas.

Existen pocos elemento decorativos a lo largo de este paseo, algo que le confiere un tono de soledad al lugar y que nos permite extender la vista sin obstáculos. Apenas unos bancos para sentarse y unos árboles minúsculos cuyas formas pueden resultar inquietantes si el horizonte se torna negro. Se trata de una docena de frágiles tamarindos plantados en el último cuarto del siglo XIX y que hoy se aferran a la tierra y parecen alimentarse de las miradas de los visitantes.

Gracias a esta pasarela natural, de unos ocho metros de anchura, observamos con detalle la muralla de la ciudad medieval, con su característico torreón y las iglesias más importantes. A un lado, el pequeño puerto pesquero de la villa marinera y una peculiar perspectiva de “Los cubos de la memoria”, la obra en la que Agustín Ibarrola plasmó su concepto del arte sobre la escollera del puerto. Inmediatamente detrás de las casas, la imponente sierra de Cuera parece estar a dos pasos del mar con sus cimas de casi 2.000 metros de altura. Tras ella, si el tiempo lo permite, los Picos de Europa se asoman para coronar la panorámica.

El paseo se integra en el más general de la senda costera de Llanes, que atraviesa todo el municipio, en la actualidad ha sido ampliado de los originales 300 metros a casi el kilómetro de longitud para empalmar con el discurrir de esta senda que sigue su marcha hacia el Oeste, camino de la playa de San Antolín.

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